16 abr. 2010

Días en Jamaica!

Existen dos Jamaicas, la de los papeles, y la real. La primera, todo el mundo la quiere por algo que todos se imaginan pero nadie sabe bien cómo es, si por el reggae, si por que se fuma marihuana religiosamente, si porque todos tienen buena onda, si por cómo hablan, las frutas o las playas. Por esa Jamaica todos cuando se enteran que vas, inmediatamente se alegran por vos, o sienten un toque de envidia, que es lo mismo.


Después está la segunda Jamaica, que es de la que te hablan los que alguna vez fueron. Todos (sin excepción) nos dijeron lo mismo: “Jamaica es un país jodido”. “La gente es muy hostil”. “Vayan con cuidado”. “No quieren a los blancos”. “Tené cuidado con las rastas, no les gusta ver a gente que no es local con llevarlas”. Al día de hoy hemos concluido en que hemos podido conocer la tercer Jamaica: la nuestra. En esta Jamaica, todo es exactamente igual a la Jamaica de los papeles la de los que se alegran, pero además de eso hay unas montañas increíbles a lo largo de toda la isla, aunque lo mejor es que la gente que es más peligrosa de lo que nos imaginábamos, está de vacaciones en alguna playa. Y no es que sea una Jamaica perfecta, porque de noche hay mosquitos y llueve seguido.



Pero retomando a las recomendaciones de la gente, tenemos que admitir que nos condicionaron mas de lo deseado. Por suerte (toco madera) nada de esto ocurrió. Desde que desembarcamos del velero, nos encontramos con gente que me decía “Hey rastaman, my respect for you”. Gente bien intencionada con ganas de ayudarnos. Claro, gente jodida debe haber, pero existen en todos lados del mundo, como bien se encargaba de explicarnos un señor de unos cuarenta años que nos invitó una ronda de cerveza a los tres en el bar.


Alvaro junto al amigo que nos invitó las cervezas.

La vida acá es muy linda. Estamos viviendo en la marina de Port Antonio (Errol Flynn), un lugar muy completo, tiene pileta, agua caliente, lavandería, tres bares (uno sobre la playa), música en vivo, internet, entre otras comodidades!



Por lo general pasamos la mayor parte del día dentro de la marina, y en algunos ratos salimos a caminar las calles de Jamaica. Nos sorprendió de sobremanera, lo limpia que es la ciudad, realmente envidiable. Un día fuimos a la universidad, y nos quedamos mirando un partido de futbol, e incluso nos invitaron a jugar con ellos, pero nuestro calzado fue el primer motivo para no acceder a la cortesía de Ronaldinho (había un gran parecido).
Por otro lado dedicamos tiempo a probar comidas típicas del lugar, como la fruta nacional “Akee”, que mira si será rara que al verla parece la cáscara de un morrón abierta, el fruto que se come de dentro parece ojos de cangrejo, para comerla se hierve y su textura pasa a parecer como huevos revueltos pero que saben picante como comer salame picado grueso con chorizo colorado. Al final, así de rara y diferente sabe esta nación, como sus frutos.

También estuvimos en Kingston (la capital que queda a dos horas en auto de Port Antonio), ahí estuvimos recorriendo un poco la ciudad, muy bonita, limpia y ordenada por cierto, hasta que fuimos a Trench Town. ¿Qué es Trench Town? Básicamente es donde se crió y educó Bob Marley (nació en St. Anne).


Casa de Bob Marley. Su primer auto.

 Es un lugar muy humilde, un gueto, donde Bob pasaba sus días con sus amigos como cualquier persona lo haría, allí es donde se inició musicalmente. “In the government yard in Trench Town” es porque el barrio era de una familia de irlandeses que pasó a manos del gobierno y lo convirtió en un barrio donde podían vivir en pequeñas comunidades las familias más necesitadas, en casas hechas por el gobierno. Vimos el cuarto donde “Georgie would turn the fire light”, vimos la guitarra de Vincent “Tarta” Ford el que fuera su mentor y como frutilla del postre la cama donde fue concebido el mismísimo Ziggy Marley (vale aclarar que Ziggy significa “tuquita” en Patua). No eran más que un grupo de negros felices con el pelo enredado que se juntaban a hacer una musiquita, pasarla bien y comer algo, como cualquiera.


Primer guitarra de Bob M.


Cuarto de Bob M.

Fue muy loco, sinceramente en más de una oportunidad me pregunté cómo sería ese lugar, y bueno, ahora ya lo sé. Muchas veces conocer los lugares, te ayuda a entender un poco más de fondo de donde vienen las cosas, te ayuda a contextualizarte con su música, con su mística, con su manera de vivir. Fue una experiencia muy linda, ahora que ya quedaron atrás las épocas de guerra civil que había entre los dos partidos políticos del país, visitar Trench Town.
Para los que vayan a venir les cuento que sólo habrá una Jamaica para ustedes, la que ustedes conozcan. Seguramente tenga bastante de locura, más de la que te quisieron proteger, tenga un poco de esos atardeceres en las montañas reflejándose en el mar, y hasta te pase que cuando quieras sacar un foto y veas que fallaste una vez más cuando le pediste a la tecnología que reproduzca en tus narices lo que captabas en tus pupilas, entiendas que es lo que pasa cuando con este texto te lo trato de describir.

Y bueno amigos, por lo pronto así fue nuestra estadía en Jamaica.
Mañana sabado 17 de abril nos estamos partiendo a 100 fuegos (Cuba) en el velero de Alvaro. Seguramente estemos unos días ahi, y luego probaremos suerte en la Habana.

Aprovechamos y les dejamos un video muy lindo. Esto ocurrió en plena calle Jamaiquina, mientras disfrutábamos de sus paisajes.



Tana y Benja

15 abr. 2010

1, 2, 3 probando

Estimados seguidores y fanáticos del blog, estamos estrenando una nueva sección.
En esta oportunidad publicaremos videos desgustando platos tradicionales de los lugares que visitamos.

En esta ocasión;les presentamos el Ackee, una fruta muy tradicional de Jamaica!

Saludos.

La realidad de los sueños.

Soñar es increíble. Tener sueños alimenta el alma. Quien no soñó alguna vez con volar o con ir al espacio??? Yo sí. Estos sueños quizás nunca los cumpla y me animaría a decir que inclusive son imposibles para mí. Pero es lindo pensarlo, te distrae, te transporta, te hace sentir libre!
Pero hay otro tipo de sueños, los sueños que son reales y que se pueden cumplir, que se pueden vivir. Son reales, existen, pero requieren de ciertas cosas (o decisiones) para poder sumergirte en ellos y explorarlos.

La mejor manera de animarse a vivir un sueño es tomar la decisión de hacerlo. Algo que parece tan fácil, a mucha gente le lleva años decidirlo. Pero experimentar vivir de acuerdo a lo que uno sueña es inexplicable, es mágico, como el amor diría, José María Listorti.



Y en eso me encuentro ahora, viviendo de acuerdo a lo que soñé en más de una noche fría de Palermo, y lo que quizás repasé en mi cabeza miles y miles de veces, mientras me tomaba el subte D desde Bulnes hacia Catedral, para iniciar una nueva jornada laboral.

Y hoy, con conocimiento de causa, me atrevo a decir que vivir adentro de un sueño es raramente espectacular, nose bien como explicarlo, pero todo te sorprende, y se te presentan posibilidades que no eran parte de tu sueño, pero no porque no estén buenas, sino porque ni se me ocurría que algo así podría ocurrir. Soñé con este viaje, y la estoy pasando muy bien, soy feliz, pero les aseguro mis amigos que nunca, pero nunca, se me hubiera ocurrido que dentro de los sueños, hay otros sueños. Y esto lo digo porque el hecho de que nos haya surgido la posibilidad de ir de Cartagena a Jamaica en un velero, es algo que nunca pensé, ni me imaginaba pensándolo, pero la vida siempre te sorprende y esta vez no fue la excepción.



Navegar, estar arriba de un barco por 5 días, disfrutar de noches increíblemente estrelladas en la mar, es algo que te conmueve. Pero bueno, todo lo lindo tiene su costo, y es de esto de los que le quiero escribir.

Es verdad, no lo niego, soñar y ser el protagonista de tu vida vale la pena, pero muchas veces cuando uno sueña algo, solo tiene capacidad para soñar lo bueno. Y así debe ser supongo.

Recuerdo cuando me hice amigo de Mark, un español que está viajando en bici por toda América, automáticamente lo primero que te nace decir es “waw que buena, que bueno debe estar, te felicito”, y su primer respuesta fue muy clara, “si está muy bueno, hasta que tenés que hacer 100 km en subida”.

Ahí tomé conciencia de que todo lo lindo requiere esfuerzo, incluso los sueños.

Y yo no estoy exento de esto. La experiencia del velero fue única, muy positiva, necesaria, pero cuando estás mareado, con náuseas, por momentos me quería matar. Lo mismo los días que no sabes que hacer y te acordás de tu familia, tus amigos, tus cosas, y realmente se genera una doble sensación con una mezcla de nostalgia muy fuerte.

Sinceramente hay momentos difíciles en los sueños, donde uno quisiera largar todo y volver, comer un asado, dormir cómodo, compartir una cerveza con amigos, y disfrutar de sus afectos.

Y como sobrellevo todo esto? Hay algo muy importante a mi manera de ver las cosas, y se llama CERTEZA.

Sin ella no soy nada, porque es la que me hace seguir adelante, feliz, motivado. Sería utópico que fuera todo flores, no se lo creería a nadie, y si alguien sabe la receta pago por ella.

Pero bueno, hoy tengo la certeza de que en este momento de mi vida quiero vivir así, y eso es lo importante y es más fuerte que un asado, mis amigos, mi familia y todo lo lindo que dejé en mi país.

Hoy tengo la certeza de que viajar me fortalece el alma, que me hace crecer como persona, que me abre la mente, que me hace explorar el mundo, me hace ser libre, me da curiosidad, me hace ser feliz, y estas certezas me guían a continuar.

Ya lo dije en más de una oportunidad, la vida es una, y siempre me pregunto como la estoy viviendo, hoy gracias a Dios vivo el momento y me animo a decir que estoy viviendo de acuerdo a mi manera de pensar, y eso me deja tranquilo. Tengo esa CERTEZA y no me la roba nadie!!!

PD: les dejo un videito en plena mar, haciendo snorkel desde el Velero...
Benja.-

14 abr. 2010

Jamaica literalmente donde nos trajo el viento

Al llegar a Port Antonio antes de subir a izar la bandera de Jamaica.


¿Te acordás todo lo que hiciste y todo lo que sucedió esta semana desde el Lunes en la mañana en que te despertaste, hasta el Viernes una vez que cayó la noche? Durante todo ese tiempo, nosotros estuvimos navegando en un velero atravesando el mar Caribe de Sur a Norte. Once y cuarto marcaba el reloj del Moonracker, el 5 de Abril de 2010, día del inicio de la travesía que conectaría de una sola vez la bahía de Cartagena, Colombia, con la marina Errol Flynn, Port Antonio, Jamaica, cuando cerramos el viaje cinco días después y el reloj marcaba las veintiuna y treinta.


Nos sabemos privilegiados, porque debutar en una experiencia de navegación, haciendo 500 millas en el Caribe con dos muy buenos marineros (encima buenas personas), no es algo que suceda a menudo en el mundo náutico. Como bien dice el proverbio chino, “mala suerte, buena suerte, ¿quién sabe?”, el análisis que uno puede hacer de su fortuna, depende justamente del punto de vista en que se lo mire o del desenlace en que resulten esos hechos a la luz de otros posteriores, que apreciamos como de suerte a nuestro favor al principio. Por eso, desde el principio yo me sentí afortunado por lo que me tocaba vivir. Incluso cuando a partir de las primeras horas de travesía en el mar abierto, empezó el calvario de mareos, vómitos y malestar que duraría unas 28 horas hasta terminarse. Para que puedan visualizarlo, comencé a vomitar a las pocas horas de haber partido, empezando por la arepa que había desayunado. Tomaba sorbos de agua entre devoluciones que no tardaba cinco minutos en volver a expulsarla. Después de las primeras horas, dejé de tomar agua, cuando ya lo sentía como un despropósito. Empecé a dar arcadas en seco que me estrujaban el estómago. Fueron 28 horas de una tenue existencia fantasmagórica, sin poder hacer más que pararme apuradamente en dirección al baño para repetir la limpieza. Lo peor es que cada cuerpo se adapta totalmente diferente al desequilibrio, y en esa lotería yo era el de peores chances, porque ni Benja llegó a vomitar una vez siquiera, a pesar de que obviamente en algunos lapsos se mareó. A pesar de todo esa experiencia yo en todo momento tenía claro que era exactamente lo mejor que me había pasado. Que ninguna otra opción hubiese sido preferible, que sin saber cuándo, el sabio cuerpo se adaptaría y podría disfrutar de la belleza de navegar. De hecho esa primera noche en la que dormí a duras penas e intermitentemente, sólo pensaba en que pronto llegaría el momento de estar en condiciones de hacer del viaje una experiencia placentera, como tanto yo como muchos de ustedes se imaginaron debía ser.

El momento del click llegó la mañana siguiente cuando Benja, cansado de verme agonizar en uno de los camarotes, me aconsejó ir a despejarme al cockpit. Le hice caso, y a partir de ese momento en que subí, progresivamente fui sintiendome mejor hasta arribar a tierra. Primero una bolsa de agua, más tarde un sandwichito hasta que en los últimos días pude ayudar haciendo cositas muy simples en la cocina como sopas y café sin marearme. Por eso la balanza arroja claramente un positivo a la hora de hablar de la experiencia en la mar. Al final del viaje el vaivén de las olas me parecía algo cómodo para el cuerpo, me sentía en estado de somnolencia y relajamiento absoluto. Valdría aclarar que, y esto dicho textualmente por los dos experimentados en el navegar, el tortuoso malestar del primer día fue en parte producto de las condiciones del tiempo, que nos recibió con un viento de 30 nudos y olas de por lo menos 5 metros. El primer día y nos tocaba bailar con la más fea, nos quedó grabada la imagen con Benja de un momento en que estábamos durmiendo adentro, el barco ya viajaba escorado, hasta que una ola golpeó tan fuerte, que el barco se puso de lado de forma tal que los dos quedamos parados en nuestros pies donde terminaba la cama. “Woow”, nos dijimos mirándonos con algo de asombro y porque no de miedo también. Al término del viaje caímos en la cuenta de que ese día había sido áspero y dejó en evidencia que todos los restantes resultaron espectaculares, calmos y que la navegada se apreció como muy afortunada para todos.

Del viaje como tal mucho no puede contarse, porque los días entre sí, encierran una monotonía tal que al tiempo comienzan a desdibujarse sus límites. Es un devenir constante del tiempo, de una comunidad de cuatro personas conviviendo en un reducto de pocos metros, durmiendo, jugando al truco (grande ganador), y saciando sus necesidades. Si bien lo intentamos a lo largo de la gran mayoría del viaje, nunca pescamos (no puedo contabilizar el pez volador que se incrustó en la proa y lo encontramos muerto en seco al siguiente día). Conocimos el plancton luminoso del mar, nos cruzamos un total de 11 embarcaciones en el recorrido (ni cerca de las 263 que yo había pronosticado), nos fascinaron los atardeceres y amaneceres en la soledad del mar interminable, aunque me atrevería a decir que las mayores consideraciones se las llevaron las noches de millones de estrellas y blanca luna.

De la experiencia puedo extraer sensaciones diversas que tengo que diferenciar. Una primera sensación era de claro asombro que expresaba en preguntas que me hacía interiormente “Tana, ¿Me querés decir qué carajo hacés navegando en un velero?”, hasta el día de hoy sólo me limito a reírme dado que no encontré la respuesta. Luego otra experiencia, como por ejemplo, la de la vida en sociedad en ese espacio reducido que yo mentalmente comparaba con estar en prisión, algo a lo que Alvarito, el capitán, se oponía totalmente dado que para él viajar en barco es la experiencia de mayor libertad posible, ir a donde querés, cuando querés. Yo veía esa paradoja, para ejercer esa libertad hay que volverse preso paciente del mar por todo el trayecto. Además me gustó el aspecto del trabajo en equipo de la tripulación, hay una jerarquía, obvia y necesaria, y es lindo ponerse en manos de los que saben para poder aportar a que todos lleguemos y viajemos de la mejor manera. De todas formas, acá voy a destacar la labor de Álvaro, Capitán y Cachito, segundo al mando, que a pesar de ser los de mayor jerarquía y conocimiento, no pararon de trabajar por el equipo brindando confort y seguridad para todos ininterrumpidamente durante toda la travesía. Benja y yo tuvimos cargas livianas que pudimos soportar sin problemas, gracias a su esfuerzo, eso creo que es muy enriquecedor y valioso como aprendizaje, ver líderes comprometidos con el trabajo, no sólo dando directivas.

Tantas horas estuvimos observando un universo hecho sólo de mar que me llevó a reflexionar acerca de la naturaleza y el hombre. Verdaderamente uno se da cuenta cuán pequeños somos y cuanto más poderosa y hostil puede resultar ella. Para que el hombre surque los mares, sobreviva en medio de la selva, forme comunidades en la alta montaña o resista a una temperatura de frío extremo en un polo, tiene que contar con una sola cosa: ciencia. El mar podría comerse vivo a cualquier hombre aventurero, pero no necesariamente si cuenta con la ciencia y la consiguiente tecnología que de ella deriva. Es en esos casos cuando caigo en la cuenta por qué la ciencia ocupa ese lugar en nuestra vida. No hizo falta rezar a Dios para llegar, alcanzó con que funcionara correctamente el piloto automático todo el viaje. Y de haber sufrido un desperfecto uno se tranquilizaría sólo si alguno de los ingenieros a bordo podría resolverlo, en vez de entrar en pánico en caso que en su lugar sólo hubiese un sacerdote. Por estas cuestiones probablemente en el mundo actual, nuestra dimensión religiosa seguirá perdiendo siempre la batalla contra nuestra mente, sobre todo en la medida en que como hombres sigamos alejando la brecha entre nuestra forma de vida y la naturaleza. Necesitaremos cada vez más y más de la seguridad de la ciencia. Por eso usar la naturaleza en combinación con la ciencia como para transportar el velero a viento el noventa por ciento del trayecto, fue de lo que más me gustó.

En gran parte lo disfruté también porque nos aproxima a un concepto de las distancias mucho más cercano a la realidad de cara a nuestro destino final, Alaska. Alaska podría estar a unas pocas horas de avión desde donde decidamos tomarlo, o bien puede estar a muchos días de navegación incierta, miles de horas de andar a pie, meses de recorrido pacientemente sentado por tierra o años de anécdotas a la velocidad que nos lleve el viento. Eso significó en mí el viaje en velero, que al ritmo que puede viaja incansablemente, sin prisa y sin pausa, de una sola vez. Con grandes olas de frente, con el sol saliendo o cayendo la noche, con treinta o quince nudos de través. Se fija un destino y hacia él se dirige hasta llegar, así sea de a pocos metros, orzando o derivando. En eso encuentro el secreto, en inclinar la balanza a nuestro favor, en apreciar esta suerte como “buena” sin importar lo que parezca. Teniendo en cuenta que el norte ya fue trazado, luego está en nosotros usar el viento de acuerdo a nuestro favor, para que nos de impulso o lecciones, pero para que nos lleve a destino. Porque puedo escribir muchos más textos de la poesía de la navegación, acerca del placer de que nos lleve el impulso del viento, exaltar la libertad de aventurarse y todas las pavadas que se me ocurran, pero la madre de todas las sensaciones es cuando ves tierra. Cuando llegas sano y salvo a destino, con la experiencia en las espaldas y sanamente digerida. A la luz de ese abrazo de bienvenida del sol anaranjado bajando al mar cuando llegamos a Port Antonio, con las radios locales sintonizadas ya lanzando los primeros reggaes de la estadía, es desde donde puedo apreciar esta magnífica y única experiencia.



Tana


Los atardeceres en el medio del mar


Con tierra a la vista, fotones in proa


Asi nos recibió Jamaica, Port Antonio, como para no querer llegar!

3 abr. 2010

Decilo Enzo... decilo!!!!

Queridos seguidores del Blog, hemos inagurado esta nueva e importante sección del Blog que se llama: "Decilo Enzo... decilo"
Consiste en contar mediante un video, alguna noticia trasendental del viaje.
Hay situaciones en las que relatar algo mediante algun escrito, no es suficiente como para expresar lo que realmente se quiere transmitir, y es por ello que hemos creado esta nueva sección, para que ustedes puedan palpar nuestras sensaciones con estas noticias que van marcando el viaje.
Acá les dejamos nuestro primer video de esta sección.
Saludos y espero lo disfruten.
Benja y Tana