19 mar. 2010

¡Todo el día pre-ocupado!

Hace unos días, haciendo una de las actividades que más me llenan, la plancha en el mar, mientras mi mente se aquietaba y me fundía con el vaivén de la calma marea de Playa Blanca, tuve lo que podría llamarse una reflexión o al menos, algo parecido. Comencé a pensar en acepciones de lo que significa estar “preocupado”. Empecé a pensar más allá de lo que sabemos que quiere decir, como las largas noches que mi madre pasaba en vela; “le habrá pasado algo a Mariano que no viene?”, la nota de ese examen que no llega, el celular que no suena y ese negocio que no funciona.


A partir de la experiencia vivida en estos primeros meses del viaje, empecé a encontrar una profunda relación entre la manera de vivir un día normal en esta aventura lejos de mi hogar, y lo que significaban cuando allá vivía, los días Domingo. No voy a hablar de los miles de aspectos, percepciones deprimentes de cierre y retorno, ni los grandes encuentros familiares, sólo quisiera destacar un aspecto de aquellos días que coincide con el ahora: la baja exigencia o expectativa para hacer del domingo, un gran día.

En mis semanas, los domingos eran esos días excelsos en los cuales vivías “pre-ocupado“, también se podría decir “antes de ocupado” o mejor dicho al borde siempre de estar ocupado pero al final, tan al pedo como al principio. Pre-ocupado es esa hora exacta que te tomas antes de empezar a sentarte a estudiar, te lavás los dientes por tercera vez, organizas los libros en el orden que más tiempo te lleve, vas al baño aunque no tengas ganas -para chequear si aparecen (y poder seguir pre-ocupado)-.

Pre-ocupado es la necesidad de acostarte en la cama una hora antes de que empiece Futbol de Primera, hacer zapping de a 5 vueltas por minuto, o esa media hora que te requiere simplemente preparar un mate con todo a mano y ya listo. No estaré ocupado, pero ya estoy en la previa que es igual. Eso, para mí era algo muy de los domingos. Sin saber qué es primero, en ese mismo contexto, de pre-ocupación constante, las expectativas para el día se vuelven bajas y surgen ese sin fin de programas que con absoluta sencillez, te transforman el domingo en un gran día de la semana. “Vamos a andar en bici y comer una bondiola por costanera?”, “Programón!”, “Nos juntamos a ver tele sin decir casi una palabra ni cambiar de posición en el sofá?”, “Espectacular!!!”. Como cuando te encarás una mina a las cinco de la mañana, “¿un bombón? No importa, son las cinco de la mañana!”

Es que tu mente logra, que de acuerdo a lo que espera según lo que el calendario le dice que debería pasar, adueñarse del concepto de todo o nada. Así es como lo que un lunes es “no hice nada, salvo contar cuántas unidades trae un paquete de Manimoto” (N. De R: 50, promedio), un domingo hiciste de todo, ganando dos clásicos al winning (con ida y vuelta) y cocinando papas fritas para un amigo que pasó a saludar. Durante el viaje en muchos tramos te pasa algo similar, sólo que en lugar de ser un día a la semana, cada mañana que te levantás, resulta que es domingo. “Vamos a la calle a ver qué pasa?”, “Ya mismo!”, escribir boludeces en el blog, hacer cinta en la plaza, sentarnos en un banco (a la sombra), tomar un helado (bocatto, platillito o caserito, según el caso), tocar música, mirar el atardecer en la muralla y otros planes burros. Con esa atmósfera tan saludable mental y físicamente hablando, eliminás el margen de ocurrencia de los “malos días”. Vivís la maravilla del tiempo, desarrollando aquellas cuestiones (o talentos) postergadas eternamente por las obligaciones que nos lo habían robado. Y seguro que no es la fórmula para vivir, ni la solución a los problemas de contaminación ambiental que vivimos. Pero te enfrenta con lo más elemental de tu vida: vos mismo. Vos mismo con todo ese tiempo por delante, vos mismo a través del tiempo que no hace falta gastarlo, pasarlo, ni quemarlo, sólo hace falta vivirlo.

En esta experiencia al cabo de un tiempo de este estilo de vida, han surgido las ideas y aventuras más fascinantes de las que ustedes fanáticos lectores del blog, han formado parte asombrándose y riendo junto con nosotros. Hemos profundizado tanto en esta decisión que hemos ganado increíblemente en paciencia, esa capacidad para no tomar la primera opción que se te presenta, porque dañaría esa perfecta armonía que tanto te costó alcanzar. Tal vez si tuviéramos más de esa sabia paciencia no tomaríamos trabajos que nos hacen renegar por estar “otra vez ahí”, relaciones que nos lastiman, ni asistiríamos a misas que nos aburren. Paciencia para cuidar nuestra vida dominical, de bajas expectativas y apertura hacia lo diferente, hacia lo que nos apasiona o preferimos hacer “en vez de nada”. Nuestra vida de necesaria pre-ocupación.

¿Me querés decir cuánto tiempo estuviste en el mar pre-ocupado haciendo la plancha pensando todo eso?

Estuve hasta que me puse viejito.



Tana

5 comentarios:

  1. tanita, simplemente magnifico! Cuanta sabiduria en tus palabras!!!

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  2. Gracias Benjita, comentemos el blog entre nosotros que si no, no lo lee nadie...

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  3. Anónimo26/3/10

    noooo! yo los leo y me encanta hacerlo!!! besos (B)

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  4. CLARITA26/3/10

    CHE QUE GRANDE TANI ME ENCANTO Y PARECES FIERITA CON ESAS GAFAS!!

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